La Niña y el cacao

 

Los cultivos de cacao se pierden o bajan sustancialmente su producción en el Cuerno de África por las sequías, en Suramérica por las precipitaciones torrenciales. Detrás de todo esto está La Niña, el fenómeno meteorológico natural caracterizado por generar un enfriamiento a gran escala de las aguas de la superficie oceánica en las partes central y oriental del Pacífico ecuatorial. Esto, a su vez, genera diluvios e inundaciones en algunas partes del planeta, y una mayor intensidad del calor y de las sequías (y el riesgo conexo de incendios forestales). Estas consecuencias, además, se han exacerbado con el cambio climático que amplifica los impactos de este fenómeno meteorológico.

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno de La Niña en curso empezó en septiembre del 2020, y puede llegar a extenderse hasta el próximo año, lo que completaría una extensión de tres inviernos boreales consecutivos. Esta “caída triple” de La Niña mantendría condiciones climáticas muy adversas, cuyas consecuencias son sufridas específicamente por las poblaciones más vulnerables.

En las últimas semanas, la intensidad de las lluvias en la región amazónica colombiana ha generado inundaciones sin precedentes y deslizamientos, lo que ha afectado sistemas productivos, obstaculizado carreteras, derrumbado casas y acabado con la vida de animales y personas. Seis u ocho meses más bajo este régimen de lluvias sería tremendamente perjudicial para el país, pero especialmente para esas personas cuyas vidas han sido afectadas de manera directa.

En este contexto es urgente promover acciones de mitigación y adaptación al cambio climático, como, por ejemplo, la consolidación de sistemas productivos sostenibles y resilientes. No sólo porque Colombia es uno de los países más vulnerables ante los impactos del cambio climático, y los productores colombianos ya los están viviendo, sino porque estos esfuerzos serán los que nos aseguren la seguridad alimentaria en el futuro. Adicionalmente, se está empezando a reconocer su importancia en el mercado internacional, así que alinear sus prácticas con las demandas del mercado es también un incentivo para dirigir la mirada hacia este tipo de producción. Si son las familias cacaoteras aquellas que están aportando para la protección de la selva Amazónica, sus productos, que protegen bosques y construyen paz, guardan un valor agregado que no debe ser subestimado y los mercados globales lo están empezando a reconocer.

El mercado ahora exige ciertos parámetros de producción. Por ejemplo, la nueva legislación europea marca hitos muy importantes para asegurar el origen y las prácticas utilizadas en los productos que se comercializan en el continente, lo que se alinea con la intencionalidad de los productores de cacao de la región. Sin embargo, todo el sistema de monitoreo, reporte y verificación en la producción y la trazabilidad a lo largo de toda la cadena de valor, que serían las estrategias para validar este recorrido, son herramientas costosas. Los productores no pueden y no deben ser los eslabones que carguen con este peso; tanto la industria como los intermediarios y los clientes deben asumir los costos relativos a unas prácticas sostenibles de producción, transporte, transformación y comercialización.

Desde TFA y Alisos (organización que maneja la Secretaría Técnica del acuerdo de cero deforestación Cacao, Bosques y Paz – CB&P), conocemos estas historias de primera mano, pues hemos estado trabajando con productores de cacao de los departamentos de Putumayo, Caquetá y Guaviare en el marco del acuerdo nacional CB&P y de la iniciativa regional Cacao de Origen Amazónico. El objetivo común es fortalecer la cadena de valor del cacao amazónico sostenible y resiliente, como un producto que genera inclusión social y cuyas prácticas son responsables con el medio ambiente. Esta experiencia nos ha dado la oportunidad de acompañar a los pequeños productores que están buscando alternativas para hacerle frente a la deforestación y aumentar la resiliencia de sus cultivos, a través de la implementación de sistemas agroforestales. De la misma manera, buscamos que vean en el cacao una esperanza para la construcción de paz, como esa herramienta que genera ingresos que les permita tener una vida digna.

Ambas iniciativas se articulan con la implementación del programa Cacao para la Vida: +Bosques en la Amazonía, coordinado por Alisos y ejecutado de la mano de Rainforest Alliance (RA) y Wildlife Conservation Society (WCS). Los componentes aterrizan a la región amazónica productora de cacao los hitos de CB&P, dentro de los cuales están: crear y fomentar modelos productivos de cero deforestación, instrumentos financieros que consoliden modelos de cacao cero deforestación, crear e implementar un sistema de monitoreo, reporte, verificación y trazabilidad, fortalecimiento de la institucionalidad cacaotera y la creación e implementación de una estrategia de comunicación y transparencia. Esas líneas estratégicas responden a las necesidades que se han identificado en los departamentos, especialmente porque la región amazónica no está posicionada como una productora de cacao fino y de aroma y, por lo tanto, resulta urgente visibilizarla para generar alianzas comerciales que aseguren la sostenibilidad financiera de esta cadena de valor que busca seguir aportando a la seguridad alimentaria sin descuidar la protección del medio ambiente.

El fenómeno de La Niña “de caída triple” es una de tantas alertas que el planeta nos está mandando para tomar decisiones más conscientes y radicales frente a los sistemas de producción y al consumo actual. Como organizaciones de la sociedad civil y plataformas multiactor tenemos el deber de visibilizar estas problemáticas y buscar las maneras en que todos los sectores tomen medidas que respondan a estas necesidades, pues solos no es suficiente, para cuidar al planeta todos debemos actuar.

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